La historia industrial de Terrassa no puede entenderse sin la huella profunda que dejó una destacada empresa familiar: Sala i Badrinas. Con más de ochenta años de actividad, esta compañía fue el resultado de varias generaciones comprometidas con la industria textil lanera. Desde sus orígenes como Sala Hermanos hasta su consolidación como Sala i Badrinas, S.A., esta firma representa la evolución de una saga familiar que supo adaptarse a los cambios económicos, sociales y tecnológicos de su tiempo.
Los orígenes y la evolución de Sala i Badrinas
La historia de Sala i Badrinas se remonta a 1886, cuando se fundó Sala Hermanos como una escisión de la sociedad Alegre, Sala i Cia, que había iniciado su actividad textil en 1860. Esta nueva etapa empresarial fue liderada por los hermanos Antoni y Pasqual Sala, que establecieron la base de una de las empresas más representativas de la industria lanera de Terrassa.
En 1915, tras el fallecimiento de los fundadores, la empresa fue reorganizada y adquirió la razón social Sala i Badrinas al incorporarse a la sociedad Benet Badrinas, cuñado de Alfons Sala, hijo de Antoni. La sociedad pasó a ser comanditaria, marcando así el inicio de una nueva fase bajo el liderazgo compartido de Alfons Sala y Benet Badrinas. Esta segunda generación impulsó un crecimiento notable durante las primeras décadas del siglo XX, especialmente en el contexto de la Primera Guerra Mundial, cuando la empresa logró expandirse y exportar a mercados americanos.
A partir de 1923, se sumaron a la gestión los hijos de ambos socios: Antoni Sala i Amat y Josep Badrinas i Sala, consolidando así la tercera generación de esta empresa familiar. En 1946, Sala i Badrinas adoptó la forma de sociedad anónima y trasladó su sede a Madrid, aprovechando beneficios fiscales del régimen franquista. Sin embargo, este cambio marcó también el inicio del declive, que culminó con el cierre definitivo de la fábrica de Terrassa en 1966.
Productos destacados y actividad empresarial
Sala i Badrinas centró su producción en el sector textil lanero, especializado en la fabricación de tejidos de lana “de novedad” para el vestuario. Estos productos eran altamente valorados por su calidad y diseño, en un contexto en que la lana era un material fundamental en la moda masculina y femenina de la época.
La empresa operó desde sus inicios en los conocidos “vapors” de Terrassa, concretamente en el Vapor Amat de la calle de la Rasa y otra fábrica situada en la carretera de Rubí. Este entorno fabril la conectó directamente con el movimiento modernista, del cual fue una expresión tanto industrial como arquitectónica. Un ejemplo representativo es el Magatzem Pasqual Sala, un edificio modernista encargado en 1893 por Pasqual Sala i Sallés, que hoy forma parte del patrimonio histórico de Terrassa y es sede de la patronal CECOT.
La firma se distinguió por su capacidad de innovación dentro del mercado lanero, y por su habilidad para aprovechar coyunturas internacionales como la Primera Guerra Mundial, cuando la demanda de textiles europeos aumentó notablemente.
Aspectos diferenciales respecto a otras empresas familiares
Lo que distinguió a Sala i Badrinas de muchas otras empresas familiares de su tiempo fue, en primer lugar, su estrecha relación con el entorno social, político y urbanístico de Terrassa. No se trataba únicamente de una empresa industrial dedicada a la producción textil, sino de una verdadera institución local que dejó una huella significativa en distintos ámbitos de la ciudad. La familia Sala no solo destacó como empresaria, sino también por su influencia en la política local y en la configuración del paisaje urbano.
Otro rasgo distintivo fue su vínculo con el modernismo catalán. Mientras otras empresas familiares de la época se centraban únicamente en la expansión productiva, Sala i Badrinas fue más allá, apostando también por una arquitectura industrial de alto valor estético. El Magatzem Pasqual Sala —posteriormente conocido como Magatzem Freixa— es un ejemplo de cómo la empresa integró los valores del modernismo en sus instalaciones, algo poco habitual en el sector textil de principios del siglo XX.
Además, Sala i Badrinas mostró una notable capacidad de adaptación intergeneracional. La transición entre las tres generaciones que gestionaron la firma se produjo de forma estructurada y con una visión compartida del negocio. La incorporación de los herederos en puestos de dirección, sin romper la continuidad estratégica, permitió a la empresa sostener su crecimiento durante más de ocho décadas, incluso en contextos de profunda transformación, como los provocados por la industrialización, las guerras mundiales o los cambios fiscales del franquismo.
Por último, su capacidad para aprovechar coyunturas internacionales y exportar sus productos a América durante la Primera Guerra Mundial destaca como un elemento diferenciador. Esta orientación internacional, poco común entre empresas familiares textiles de su tiempo, contribuyó significativamente al apogeo de la empresa y la consolidó como uno de los referentes del sector lanero en Cataluña.
Sala i Badrinas: Legado presente en Terrassa
Aunque Sala i Badrinas cesó su actividad en 1966, su legado sigue presente en la memoria histórica y el paisaje urbano de Terrassa. La empresa, que durante décadas fue uno de los motores económicos de la ciudad, dejó tras de sí importantes aportaciones tanto en el ámbito industrial como en el político. Alfons Sala i Argemí, heredero del negocio y figura destacada de la familia, fue diputado y llegó a ostentar el título de Conde de Egara, reflejando la influencia que la empresa y su familia tuvieron en la vida local.
Si bien no existen actualmente proyectos empresariales bajo el nombre de Sala i Badrinas, el reconocimiento a su trayectoria continúa en diversos ámbitos. Por un lado, el patrimonio arquitectónico vinculado a la empresa forma parte del recorrido modernista de la ciudad. Por otro, su historia es estudiada y difundida por entidades dedicadas a preservar la memoria industrial de Terrassa, como museos, archivos y centros de estudios locales.
En definitiva, la trayectoria de Sala i Badrinas es un ejemplo paradigmático de cómo una empresa familiar puede marcar profundamente el desarrollo económico, urbano y social de su entorno. Su paso por tres generaciones, su capacidad de adaptación a los cambios históricos y su contribución al paisaje modernista convierten a esta firma en un caso singular dentro de la historia empresarial catalana.





